lunes, 23 de octubre de 2017

María Cruz, de la existencia a la consciencia de lo femenino

Por: Nancy Martínez

“El escritor defiende su soledad, mostrando lo que en ella y
únicamente en ella se encuentra…
Se escribe para reconquistar la derrota sufrida siempre que hemos
hablado largamente…
Salvar a las palabras de su momentaneidad, de su ser transitorio, y
conducirlas en nuestra reconciliación hacia lo perdurable.
El escritor sale de su soledad a comunicar el secreto.”
María Zambrano1

El presente ensayo tratará sobre la obra de María Cruz Arroyo, poeta guatemalteca que expresó dentro del movimiento modernista a inicios del siglo XX, su sentir más profundo. Develando mediante la palabra a la mujer sintiente y consciente de los mandatos de género y sociales bajo los cuales se construyó como intelectual emigrante.

¿Por qué revisitar y releer la obra de una poeta guatemalteca que produjo y se construyó fuera de las fronteras de este país? ¿Qué puede decirnos hoy María Cruz Arroyo a nosotras, tras casi 102 años de su muerte? ¿Cuánto más encontramos en ella, una mujer que alrededor de los 11 años salió de Guatemala, vivió en distintas ciudades del mundo, produjo poesía, crónicas de viaje y que en su
última correspondencia personal, se evidenció cierta deuda con el país? En sí, ¿cuánta de la búsqueda íntima que se evidencia en la poesía y los escritos de María Cruz Arroyo, hoy nos es familiar y refleja esa angustia del ser femenino que nos acompaña aún en el siglo XXI?

Son muchas preguntas de complejas respuestas, a las que se tratará de dar una revisión entre lo poco o mucho que hoy se conoce de esta poeta guatemalteca que falleció en París en el año 1915. Para empezar es necesario reconocer que la figura de María Cruz no es nueva en los ámbitos literarios, pues a pesar de sufrir la exclusión del sistema patriarcal, los críticos de la ciudad letrada le ha dado cierto posicionamiento como una de las voces del modernismo guatemalteco, que se ubica en la segunda etapa de dicho movimiento, y que algunos lo denominan el posmodernismo guatemalteco.

Por otra parte, como lo ha estipulado Joan Scott (2008), es importante reflexionar sobre las vidas de las mujeres para traerlas al centro de la historia, esa que las ha dejado a un lado, que las ha invisibilizado por solo el hecho de ser mujeres. Reconocer el paso que estas autoras han dejado plasmado en la historia, es una deuda pendiente que aún tenemos con ellas, no solo las mujeres sino desde la academia. Esto es porque como lo especifica Scott, “la historia no figura exclusivamente como un registro de cambios en la organización social de los sexos, sino también, y de forma crucial, como participante en la producción del conocimiento sobre la diferencia sexual”.2 Es decir, para generar nuevos conocimientos sobre la diferencia de géneros y establecer así una nueva historia con mayúscula, es necesario revisitar y dar nuevos valores a lo creado por las mujeres en el pasado. Con ello, comprenderemos la exclusión vivida por sujetos femeninos, a quienes se les ha investido de significaciones subjetivas y colectivas de acuerdo con mandatos sociales, en donde se les ha negado el acceso a la palabra. Así, para Scott, la historia feminista al revisitar autoras y revisibilizar su trabajo, no solo logra “corregir o suplir el registro incompleto del pasado, sino en una forma de comprensión crítica”3 produce nuevos conocimientos que abrirán otros espacios, que ayudarán a comprender las relaciones actuales y cómo se han construido, lo que permitirá encontrar posibilidades hacia el cambio.

Según Virginia Woolf, al hablar de mujeres escritoras se encontró con una realidad imperante, en la cual estas existían dentro de bibliotecas en condiciones de desventaja. Y al analizar, expuso su famosa frase; “… una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, […], deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela.” Así, Woolf evidenciaba algo tan profundo e intrínseco en las construcciones sociales según género, antes de saber qué quieren las mujeres, o cómo pueden expresarse mediante la escritura, ellas necesitan alcanzar ciertas condiciones de vida y situacionales, es decir, contar con libertad de tiempo y espacio para poder expresarse. Por ello, las mujeres que desean producir, que desean escribir, deben contar con la disponibilidad de tiempos de “ocio”, de espacios neutros en donde no se les requiera para el cuidado, por el vínculo que forman con otros o por las demandas reproductivas dentro de espacios privados. Además, por lógica, contar con un ingreso que dentro de espacios productivos, les permita horas libres para crear. Como bien lo evidencia Woolf, la pobreza ha estado ligada a las mujeres históricamente.

Y así, ante esta imagen de exclusiones, de invisibilizaciones, del misógino trato hacia la creación y la existencia de las mujeres, a pesar de ello, hay mujeres que viven para escribir, que encuentran en la literatura o en el ensayo un medio para expresar y crear nuevos universos. Entre ellas también podemos mencionar lo expuesto por Hélène Cixous, tanto por la condición del ser mujer como por el deseo de escribir, “A veces pienso que empecé a escribir para dejar espacio a la duda que acecha mi alma…”.4 Para esta autora, toda mujer se enfrenta al hecho de no tener la legitimidad de la palabra, a ser vedada de la lengua5 por su condición femenina, las restricciones a las cuales se la enfrenta, la manera en la que se construye, en sí, el proceso de socialización la llevan a no ser. Por ello, para Cixous se acude a la madre6, esa fuerza que resiste, que se incorpora a la palabra y provee desde el vínculo del cuidado, los contenidos del inconsciente, en sí provee “el lenguaje que las mujeres hablan cuando no hay nadie que las corrija.”.7

Para Cixous, la naturaleza humana se enfrenta a una realidad innegable, que la vida es frágil y la muerte tiene el poder. Por eso es necesario enfrentar a la muerte con amor, con el cuidado de sí, para crear esa apertura en el camino, en el que la existencia se transforme y así llegar a decir, “mi voz repele la muerte; mi muerte; tu muerte; mi voz es mi otra. Yo escribo y tú no estás muerta. La otra está a salvo si yo escribo.”8

Por último, Cixous reconoce que a las mujeres el “rol histórico” las ha callado, las ha castrado, les ha quitado el poder de la palabra, por lo que con la voz de la madre se retoma la fuerza y se le hace frente. Esto es luego de un proceso de muerte metafórica, que lleva a un renacimiento del ser, en el que se logra la deconstrucción de esas normas que la invisibilizan, para luego volver a construirse y romper el velo que ata el cuello, que la silencia. Todo esto, porque “Descubrí que la escritura es infinita. Imperecedera. Eterna.”9 Y así se logra escribir, sin género, solo para ser escritura.

Al tratar el tema de la muerte en las obras literarias, desde una perspectiva psicoanalítica, en el ser humano todo impulso de repetición y esa mirada hacia el dolor, de la búsqueda y rondar la muerte, se centra en el principio del placer, el que nos hace plantear el deseo de no desear10. Esto se debe al tatuaje originario que se instala en el infante, esa sensación de desamparo, de esa falta, por la que el sujeto está condenado a desear. Con ello se establece la triada, sujeto-objeto de deseo-falta/desamparo. Así el cuerpo propio no da cuenta de ese displacer, sino será proyectado en ese objeto de deseo que lleva al principio del placer. Y en el caso de la pulsión de muerte, no se establece un deseo de la muerte misma, sino de esa falta, la muerte de la falta, el retorno al estado primario, cuando se era un todo. Ya que el destino del sujeto se centra en ese peregrinaje eterno, ir de insatisfacción en insatisfacción.

Es entonces con esta visión, centrándonos en la fuerza de la palabra femenina que traspasa y trasciende obstáculos tanto sociales como de criterios personales, tener presente esa muerte metafórica y esa insatisfacción humana que nos circunda, es posible girar y leer a María Cruz. De ella se sabe que nace en Guatemala en 1876, queda huérfana de madre a la edad de 11 años. Por decisiones oficiales, su padre, Fernando Cruz, es nombrado ministro y se muda con la familia para realizar su labor diplomática desde el año 1889, empezando por la ciudad de Washington. La familia Cruz Arroyo realiza un largo recorrido por distintas ciudades del mundo, siendo París una de las más importantes. Al quedar huérfana de padre en el año 1902, tras 13 años de ausencia, en el año 1904, María Cruz regresa a Guatemala.

A su retorno, se encuentra con un país al que percibe distante y ajeno, es en este momento en el que María Cruz Arroyo empieza a publicar sus poemas, primero en la revista de El Salvador llamada La Quincena11. Durante casi 10 años, la autora viaja y escribe tanto poemas como sus crónicas de viaje, estas últimas reunidas en Cenizas de Italia, versos que surgen de un recorrido por el país italiano en el año 1902. Regresa a Europa, y es en 1912, que a pesar de los consejos de familiares y amigos, decide realizar sola el viaje a la India, con el objetivo de llegar a la ciudad de Adyar, para participar en la conferencia que se llevó a cabo por el grupo teosófico12 de Annie Besant13 y otras figuras como el matrimonio de George y la Sra. Arrundale14. Su estadía en este territorio tomó tres años, tiempo durante el cual mantuvo correspondencia con una amiga en París.

Es de estas dos etapas que tenemos material literario disponible para conocer y reconocer a la mujer sintiente y en constante búsqueda que representa María Cruz. De su personalidad, su amiga íntima, al publicar las Cartas de la India, la describe como tímida, observadora, introspectiva, con mentalidad rápida para comprender el mundo y expresarse. Su capacidad de escucha era muy valorada, puesto que acudían a ella para pedir consejo, aunque se le percibiera como fría y distante, ella poseía un poder de comprensión muy amplio.15

Para Francisco Albizúrez Palma y Catalina Barrios y Barrios16, la obra de esta poeta se encuentra dispersa en periódicos y revistas como en La Quincena, La Locomotora y el Diario de Centro América. En el año 1913, María Cruz publica Hojas de Loto y Cachemira. Según Albizúrez Palma y Barrios y Barrios, el trabajo de traducción en francés e inglés de María Cruz es un aspecto relevante que pocos lo han estudiado. Asimismo presentan el estudio que César Brañas realizó de las Cartas de la India, que fue publicado en El Imparcial. Brañas califica a esta poeta como la sucesora de Pepita García Granados, dado el uso de la sátira en sus escritos. Por último, Albizúrez Palma y Barrios y Barrios resaltan que, dentro de los homenajes que recibió la poeta en el año 1960, cuando repatriaron sus restos al país, la Unión de Mujeres Americanas rama guatemalteca, dio a conocer que María Cruz formó parte del Centro Argentino de Mujeres, a principios del siglo veinte.

Así, dentro de su obra primero conocimos sus poemas, los cuales fueron escritos en español. Para Mónica Albizúrez, estos poemas se ubican en el momento de duelo. Justo acaba de perder al padre y se percibe una voz errante, en desesperación y con poca esperanza de resurgir. La melancolía y la figura de la muerte rondan en los escritos de la poeta.

De la lectura que puede hacerse de la poesía recopilada de María Cruz17, las imágenes que encontramos recurrentemente nos llevan a reconocer el desencanto, el dolor, la soledad, una visión trágica de la vida, la existencia del no destino, el anhelo o añoranza por esa compañía perdida, la
angustia, el desaliento, el cansancio de lo vivido, la lejanía, así también la búsqueda de ese placer solitario en el cual una puede regocijarse en la melancolía. En sí, podemos ver esa voz de María Cruz que logra encontrar cierto goce en la tristeza y todo lo que esta trae a la conciencia.

En su poema Selénica, recrea imágenes como:
Alma errante de la noche, del recuerdo y de la ruina […] Tú has mirado mis Alhambras desplomarse una por una/ Y piadosamente encantas su escondida soledad/[…] Cuando emigra la esperanza y el anhelo defraudado/ […] Donde el cuervo su ominoso “Nunca más” terco repite…18
En esta cita, es posible observar la influencia de Edgar Allan Poe, con su famoso poema El cuervo, lo cual evidencia el sentimiento y la influencia de escritores del romanticismo en el imaginario de la poeta. Este poema nos permite conocer esa aura en la búsqueda repetitiva e inamovible del círculo de desesperanza, en el cual ella se encuentra.

En su poema Al partir, el pesimismo se hace presente:
… ilusiones van borrándose detrás/Si es mentira lo pasado, lo presente ficción vana/¿para qué buscar placeres irrisorios que mañana/no serán sino un recuerdo añadido a los demás?19
En este poema también encontramos esos cuestionamientos que marcan el camino de la poeta. Ella logra decir: “Y angustiada me pregunto: ¿Es la vida solo un sueño?/ […] que la muerte al fin me venga a dormir o a despertar!”20

Siguiendo este ritmo de imágenes que construye María Cruz, en su poema, ¿Para qué?, encontramos escenas de honda duda, de angustia, de esas puertas que no logramos abrir ante separaciones que llenan de duelo y hacen perder el camino, así declara:
… en la paz adormecida de la noche rumorosa/es la voz de mi tristeza más profunda y dolorosa,/ más amargo el sentimiento de la dicha que no fue;/ […] mi sendero me parece más difícil, y repito/ con mayor desesperanza el estéril, ¿para qué?21
Así también, en el poema En la Antigua, encontramos nuevamente esas imágenes de una ciudad mausoleo que le permite verse en el correr del tiempo. Aunque con desesperanza, la poeta logra crear ese relato entre ruinas de un pasado de gloria, que ante la catástrofe de la muerte se encuentra rodeada de una triste suerte:
Pero jamás a mi alma entristecida, /volverá la esperanza engañadora; / la ilusión para siempre está perdida; /nunca más en mi vida /veré una luz de aurora!22
La poeta, con recuerdos lúgubres y oscuros, plasma la imagen de una ciudad en la cual es posible
reconocer a sus muertos, a quienes llegan a llorarlos, y así establece: “en tus silencios y ásperos desiertos; /nueva Salem por el dolor barrida!”23 En esta cita podemos observar una siguiente intertextualidad, aquí María Cruz hace referencia a la ciudad de Salem, tal vez pretende hacer una conexión sentimental con esa ciudad llena de recuerdos, que juzgó y eliminó a un gran número de mujeres en los famosos “juicios de las brujas de Salem”. Así podemos observar que su visión va saliendo de ese círculo del dolor al cual estaba expuesta, a ese repensar en su pérdida, a ese sentir la desesperanza. Y con esto pudo conectarse como mujer, en ese momento de la historia, en la que se juzga a las otras por su condición de mujeres, y así tal vez se sensibiliza con esa angustia y dolor ante tales eventos.

Finalmente, como todo duelo, en su proceso íntimo, ya a la distancia en el tiempo, con la aceptación de un destino, con la vivencia de las emociones pasadas, la poeta nos permite visualizar ese punto final. Entre soledad y melancolía, este lo encontramos en su poema A la Antigua, en donde entre signos de exclamación evidencia su sentimiento con la frase, “¡Se acabó! Las raudas horas me arrebatan en su vuelo ¡Oh mi valle de nostalgias!”24 Es aquí donde encontramos la voz de una María Cruz más fuerte, más decidida, una mujer que se ha enfrentado a la pérdida y con entereza reconoce lo vivido y acepta el presente. Así nos dice:
Si ya todo entre nosotros para siempre se acabó,/ Cuando rompa sus cadenas este espíritu cautivo,/ Que su sombra te recorra a la par del Pensativo,/ ¡Pues te amó!25
Así, en El guante, escrito en 1906, nos es posible encontrar la voz de la poeta, la afirmación de su ser, María Cruz, que nos muestra la más íntima cara de la mujer:
Mis pasiones más nobles y más puras, / Mis arranques más bellos y más santos, / Mis insólitas, cándidas locuras / Raudales de perennes desencantos. /Mis creencias de amor y de justicia, / Mis ensueños magníficos y huraños, / Son recuerdos que mi alma desperdicia, /Son el inútil lujo de otros años.26
Como lo detalla en el poema Nocturno, la poeta se ve como un “alma errante entre las sombras, sin amparo y sin hogar”27 Se proyecta como ese navío que va náufrago, que va a la deriva, sin rumbo y sin amparo. En estas letras más cercanas a su ser, se perfila una mujer resignada en el tiempo, con un alma sin destino que va en la búsqueda de esa conexión con el mundo, ese puerto que le permita reconectarse con la vida y plasmar un rumbo. Es la voz de esa alma que ha sufrido, que ha vivido y que se deja llevar por el oleaje del desencanto, pero que logra crear nuevas conexiones íntimas que le van dando fuerza y vitalidad.

Al reconocer a esa mujer en la que María Cruz se constituyó, es posible encontrar en sus poemas Cenizas de Italia, un posicionamiento político que va denotando cierto despertar feminista. En un pasaje expresa:
Entre otras maravillas/ Consérvase en iglesia muy cercana/ (Dicen, yo no lo he visto)/ La inscripción de la cruz de Jesucristo:/Ley absurda y tirana/ Acceso no permite a las mujeres…28
Es este despertar, al cual hacen referencia autores como Arturo Taracena Arriola y Mónica Albizúrez cuando trabajan las Cartas de la India, que refiere a la correspondencia que sostuvo con su amiga íntima conocida por las siglas M.H.29, en donde describe sus observaciones de las ciudades de Adyar, Udaipur, entre otras.

Para Arturo Taracena Arriola, esta estancia de tres años, “la llevaron a reflexionar sobre los prejuicios étnicos y de clase existentes en Guatemala y en la India.”30 Esas observaciones etnográficas que se encuentran en las distintas cartas que María Cruz escribiera, hacen referencia a esa visión aspiracional que poseían los teosofistas, quienes pretendían una fraternidad universal, en donde todas las diferencias de la carne se dejaran a un lado, para encontrar la unidad del espíritu. Como lo  expresara la poeta en una de sus cartas: “Hay que sacrificar la vista y el oído. Nos quedamos en el plano del sentir puro.”31  Así, establece que en el tiempo que estuvo conviviendo y reconociendo las diferencias en un país como India, tan similar al nuestro, María Cruz logra construirse nuevamente con la actitud teosófica, la cual describe como: “consiste en no desanimarse, ni angustiarse ni deprimirse, pase lo que pasare, porque todo redunda en bien.”32

Para Taracena, la poeta en su despertar femenino, se percata de las diferencias existentes en una de sus cartas, María Cruz expresa: “… no estamos acostumbradas a una vigilancia como esta y, para su gran asombro, nos emancipamos.”33 Y así, en sus observaciones se da cuenta de los tratos distintos, la segregación, la vigilancia, la fragilidad o exclusión con que es tratada por ser mujer. La cita que para el autor denota este despertar, que cataloga como feminista, y que logra visibilizar la diferencia sociocultural recién adquirida, es:
 “En Europa creen que, para una mujer, viajar sola es una proeza. Aquí no hay nada más fácil. Los empleados de las estaciones son de una cortesía y de una complacencia que están por encima de cualquier elogio.”34
Aunado a esto, para Mónica Albizúrez, esta decisión tan cuestionada, la de viajar sola a la India, responde a un interés interno de la poeta. Para esta autora, María Cruz fue en búsqueda de una recuperación emocional, en donde se trata de reconstruir esa subjetividad herida por la experiencia del duelo. Reconoce que es interesante la descripción de los funerales en el cementerio de los Parsis, en la ciudad de Bombay. Allí, a través del ritual para despedir el cuerpo de las personas, el agua del río vuelve purificada para saciar la sed de los otros, es decir, de los vivos.

Por tanto, para Albizúrez, el viaje a la India es un proyecto personal de la poeta, en el cual,
“trataría, […], de fracturar, a base de meditación, disciplina y lecturas, el poder del sentimiento y de las pasiones. Lo conducente era introyectar una templanza reflexiva y corporal que asegura un extrañamiento frente a la realidad.”35
Con el objetivo de presentar una resistencia a la construcción social de la época, en el cual se daba la manipulación y la exclusión de las mujeres en sus esfuerzos intelectuales. Así, el uso del francés en las cartas, era una estrategia para salir de la conciencia nacional que limitaba la participación pública y académica de las mujeres, por lo que establecieron un pacto privado en el que construyeron un proyecto personal que les permitiera liberar tensiones y ansiedades generadas por la experiencia de ser mujeres letradas en espacios periféricos.

Albizúrez realiza una radiografía de la posición socioeconómica de María Cruz, tanto fuera como dentro de las fronteras, en donde denota una apertura hacia la conciencia de sí, la mujer mestiza
dentro de una sociedad que la silencia por su condición femenina. Para esta autora, la confrontación y la transgresión no son estrategias por las que María Cruz se guiara, la reconoce como una ciudadana que deambulaba por el limbo social por ser la heredera de una posición social emergente en el territorio centroamericano a inicios del siglo XX, momento en el que van presentando cierto desarraigo de origen y un camino un tanto errante. Es en este tiempo en el que se presentan cambios importantes dentro de la modernidad y la secularización en la sociedad. Así, para Albizúrez esta autora transita desde el extrañamiento, la meditación y el cansancio físico hacia el discernimiento, es decir, alcanza la claridad de un camino hacia la serenidad y comprensión espiritual de sus deberes con la patria, influenciada por las tendencias arielistas del pensamiento latinoamericano, el que se redirigía la mirada hacia la construcción de una identidad que revalorizara y recuperara la cultura del continente americano.

Por lo anterior, para concluir, es posible decir que revisitar y releer poetas que han estado invisibilizadas por el sistema patriarcal es un quehacer del feminismo desde la academia, para la construcción de nuevos conocimientos. Esto permitirá las revaloraciones y reapropiaciones de los contenidos que han estado excluidos de nuestro imaginario. Las mujeres han escrito desde siempre, su dificultad para acceder a espacios en donde se las leyera es uno de los puntos importantes para buscarlas hoy, y ello aporta para hacer una reconstrucción y revisibilización de su trabajo.

Retomar el sentir de María Cruz ante la pérdida, ante esa imposibilidad de seguir en soledad, al ser una mujer que dedicó su vida a la cultura, al cuidado de otros, y por alguna razón no formó una familia propia, siendo uno de los mandatos a los que socialmente estuvo expuesta, dan cuenta de una mujer que decidió su camino, que tuvo el “cuarto propio” y “la mensualidad” para decidir los recorridos culturales y geográficos que fue definiendo. Tuvo la fuerza para enfrentar la pérdida, seguir un proyecto de vida que la llenó de búsquedas, de despertares, tanto feministas como sociales, en donde pudo dar cuenta de la diferencia. Sí, la diferencia de género y las de clase, esas que fue descubriendo en el recorrido por India, un país con historias coloniales como el guatemalteco.

A pesar de no haber podido cumplir su promesa de regresar a Guatemala, por cuestiones de salud y por el infortunio de enfrentarse a la Primera guerra mundial, que le llevó al servicio humanitario a soldados, y de morir en París, quizá por una enfermedad que adquiriera en su estadía en la India, María Cruz es reconocida en nuestro país. Con ello, aporta una voz femenina que en su búsqueda logra crear universos líricos únicos, pues solo a través de su vivencia y sentir podrían existir tales imágenes. La figura de esta poeta genera esa visibilidad de voces líricas femeninas que se salían del imaginario tradicional.

Y por lo tanto, ¿qué nos deja María Cruz a través de su lírica, de sus crónicas de viaje y de su correspondencia personal? Nos deja un camino con posibilidades infinitas de búsqueda. Sí, siendo una mujer con un estatus económico en su época, decidió llevar un camino distinto, se arriesgó a vivir su propio destino. Esa muerte metafórica de la que habla Cixous pudo ser vivida por la poeta, al enfrentarse a la pérdida y encontrarse en completa orfandad, liberó ataduras y dejó en libertad el barco de su vida, el que la llevó a zonas exóticas, tal vez influenciada por las búsquedas de la vanguardia modernista y por los movimientos teosóficos del pensamiento latinoamericano. Así, María Cruz, fue una mujer fuerte, soltera, decidida en sus búsquedas espirituales, que se adscribió a proyectos políticos de la época, experimentó la pérdida y se enriqueció de vivencias únicas, a las que pocas mujeres podían exponerse a inicios del siglo XX. En sí, a poco más de cien años de su muerte, nos deja esa posibilidad de creer en sí misma y crear las condiciones para elegir la propia vida a través de caminos poco transitados.


Notas
  1. María Zambrano. Por qué se escribe. Revista de Occidente, tomo XLIV, p. 318, Madrid, 1934.
  2. Joan Wallach Scott. Género e historia. México: Fondo de Cultura Económica Universidad Autónoma de México. 2008. p. 20.
  3. Scott. P. 29
  4. Hélène Cixous. “Coming to writing” and Other essays. Inglaterra: Harvard University Press. 1991. p.7 (traducción propia)
  5. Al tratar sobre la vida psíquica y la adquisición del lenguaje, según Julia Kristeva, citada por Errázuriz, en el proceso de complicidad entre Eros y Tánatos, se logra evidenciar la condena de ser un sujeto deseante, ese otro lugar que refleja la indefensión humana ante la falta. Para Kristeva, las personas se hablan en espejo, porque el “hablar es hablarse”. Es por esto que se utiliza el lenguaje, porque este nombra al Otro, con lo cual se construyen los significantes. En otras palabras, el sujeto al crear el lenguaje va estableciendo la distancia que existe en este ser y el Otro (la naturaleza, la sociedad, etc.), que se convierte en el objeto de deseo, produciendo así la cadena de significantes. Todo movimiento deseante se vuelve cíclico, sublimando la libido erótica en una narcisista, que entre a liberar la pulsión de la muerte, exponiendo al yo al estado de melancolía. Así, para Kristeva es el escritor, el que resexualiza la actividad sublimatoria, sexualizando las palabras, los colores, los sonidos. En ello, todo síntoma que se hace presente en la vida psíquica, es un síntoma, lo cual conlleva a entender que el mismo cuerpo habla, mediante sueños, códigos o signos.
  6. Esta imagen nos lleva a lo expuesto por Luce Irigaray, en donde el cuerpo a cuerpo con la madre es la gesta de la creación en la vida de las mujeres, el cual es vedado por el orden patriarcal, el que le concede el acceso al lenguaje del padre. Así es posible recordar que para Irigaray, el padre prohíbe la fusión con la matriz original (al cortar el cordón umbilical se gesta la primera herida, la separación de la madre), por lo que el falo se yergue e impone la matriz de su lengua, sacrificando ese primer amor. Es entonces la madre la que permanece prohibida, esta desaparece se llena de silencios, lo que genera esa angustia por el vientre mudo. Esa primera casa en donde obtuvimos todo, en donde nos hicimos cuerpo, se le ve como amenazador porque es mudo. Esto motiva la angustia, esa fobia y hasta aversión a la castración, que proviene de la ley del padre. Así, la autora propone que debemos inventar, reencontrar, redescubrir ese lenguaje que establezca de nuevo el vínculo con la relación más arcaica la del cuerpo a cuerpo con la madre. Es necesario hablar desde lo corporal, reconocer la leche, los cuidados, esa presencia silenciada que ha acompañado. Para con esto afirmar la genealogía de mujeres que nos antecedes, somos hijas, tenemos una madre, abuela, bisabuela, etc., que nos antecede y la que nos acompaña en hermandad. 
  7. Cixous. p. 21
  8. Cixous. p. 4
  9. Cixous. p. 23
  10. Errázuriz p. 87
  11. Mónica Albizurez. “Lettres de L´Inde de María Cruz: Las letras de la tierra” Revista de Estudios Hispánicos, U.P.R. Vol XXXII, Núms. 1 y 2. 2005. 
  12. El grupo Teosófico fue fundado por Madame Blavatsky en Nueva York el año 1875, a él pertenecieron muchas personalidades de la región como Alberto Masferrer, Amado Nervo, Rubén Darío, Gabriela Mistral, Eunice Odio, Augusto Sandino, entre otros. 
  13. Figura importante ya que se le conoce como una feminista militante que actuó a favor de la independencia de Irlanda y de la India, fundó el templo de Rosa Cruz. 
  14. Autor de Nirvana, un estudio sobre la consciencia sintética (1926).
  15. María Cruz. Cartas de la India 1912-1914. Traducción: Rodrigo Rey Rosa. Guatemala: Editorial Piedra Santa, Hojuelas. 2013. 
  16. Francisco Albizúrez Palma y Catalina Barrios y Barrios. Historia de la Literatura Guatemalteca. Vol. 1. Guatemala: Editorial Universitaria. 1987.
  17. María Cruz. Poesía. Compilación María Albertina Gálvez G. Clásicos de la Literatura Guatemalteca. Vol. 18. Guatemala: Tipografía Nacional. 2010. Todas las citas serán de este texto.
  18. Cruz p. 15-16
  19. Cruz p. 17
  20. Cruz p. 18
  21. Cruz p. 24
  22. Cruz p. 29
  23. Cruz p. 30 
  24. Cruz p. 25
  25. Cruz p. 27
  26. Cruz p. 67
  27. Cruz p. 69
  28. Cruz p. 51.
  29. Para la autora Mónica Albizurez (2005) la amiga M.H. responde al nombre de María Rodezno de Herán, sin embargo para Arturo Taracena Arriola (2013) a quien iban dirigidas era a Hortense-Marie Héliard, feminista y periodista sueca que publicaba bajo el seudónimo de Marc Hélys.
  30. Arturo Taracena Arriola en María Cruz. Cartas de la India 1912-1914. Traducción: Rodrigo Rey Rosa. Guatemala: Editorial Piedra Santa, Editorial Hojuelas. 2013. p.114
  31. María Cruz. Cartas de la India 1912-1914. Traducción: Rodrigo Rey Rosa. Guatemala: Editorial Piedra Santa, Editorial Hojuelas. 2013. p.58
  32. María Cruz. Cartas de la India 1912-1914. p.108
  33. María Cruz. Cartas de la India 1912-1914. p.68
  34. María Cruz. Cartas de la India 1912-1914. p.98
  35. Mónica Albizúrez. Lettres de l´Inde de María Cruz. Revista de Estudios Hispánicos, Universidad de Puerto Rico. Vol. XXXII. Núms. 1 y 2. 2005. p. 91
Bibliografía

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  • Albizurez, Mónica. “Lettres de L´Inde de María Cruz: Las letras de la tierra” Revista de Estudios Hispánicos, U.P.R. Vol XXXII, Núms. 1 y 2. 2005.
  • Cixous, Hélène. “Coming to writing” and Other essays. Inglaterra: Harvard University Press. 1991.
  • Cruz, María Cartas de la India 1912-1914. Traducción: Rodrigo Rey Rosa. Guatemala: Editorial Piedra Santa, Hojuelas. 2013.
  • Cruz, María. Poesía. Compilación María Albertina Gálvez G. Clásicos de la Literatura Guatemalteca. Vol. 18. Guatemala: Tipografía Nacional. 2010.
  • Errázuriz, Pilar. Filigranas Feministas. Chile: Editorial Cuarto Propio. 2006.
  • Irigaray, Luce. El cuerpo a cuerpo con la madre. El otro género de la naturaleza. Otro modo de sentir. Trad. Mireia Bofill y Anna Carvallo. Barcelona: IaSal, edicions de les dones. 1985.
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  • Taracena Arriola, Arturo, en María Cruz. Cartas de la India 1912-1914. Traducción: Rodrigo Rey Rosa. Guatemala: Editorial Piedra Santa, Editorial Hojuelas. 2013. 
  • Wallach Scott, Joan. Género e historia. México: Fondo de Cultura Económica Universidad Autónoma de México. 2008.
  • Zambrano, María. Por qué se escribe. Revista de Occidente, tomo XLIV, p. 318, Madrid, 1934.
Ensayo presentado en el XI Congreso de Filosofía, Pensamiento Crítico, Religión, Cultura y Género. Universidad Rafael Landívar. 2017.

sábado, 21 de octubre de 2017

La narrativa corta de Norma García Mainieri y las estrategias de construcción de personajes colectivos populares. Cuentos de muerte y resurrección.

Por Lucía Garavito

Norma García Mainieri (Guatemala, 1940 – 1998), se graduó como Licenciada en Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos (USAC) en el año de 1968, además de realizar estudios de Maestría en Letras de la misma facultad. Así mismo, realizó estudios de especialización en Arqueología y se desempeñó como docente en la Escuela de Historia y en la Facultad de Humanidades de la USAC, entre otras actividades y cargos académicos.1

Además de numerosas publicaciones, algunas de éstas inéditas, en el campo de las Ciencias Sociales, Norma García destacó sobre todo en el campo literario, firmando su obra bajo el pseudónimo de Isabel Garma, el cual utilizó pues “se vio obligada”, según Ofelia De León, ya que escribió su obra en la época de mayor represión.2 Sin embargo, para efectos del presente ensayo nos referiremos a ella como Norma García Mainieri, como una forma de rescatar su nombre en la historia.

Narradora y poeta, Norma García publicó tres libros de cuentos, uno de éstos de forma póstuma, dos libros de poesía, investigaciones y ensayos, así como algunos cuentos y poemas sueltos, por ejemplo, en revistas nacionales y extranjeras.3

Ana Sylvia Monzón sitúa a García Mainieri entre “las pioneras del siglo XX”, junto a otras autoras como Lucrecia Méndez de la Vega, Alaíde Foppa o Ana María Rodas.4

Sus amistades y colegas la recuerdan como una auténtica feminista, además de ser poseedora de una fuerte consciencia social, la cual imprimió en la mayoría de su obra tanto narrativa como poética, misma que a criterio de la Dra. Stacey Schlau, de la Universidad de West Chester en Estados Unidos, se encuentra en las fronteras “entre la ficción y la historia”, calificando en especial sus cuentos como cuentimonios,5 haciendo una alusión al género de narrativa no ficcional o testimonio, o como Humberto López Cruz dice de ella,
la autora mezcla deliberadamente la ficción con la historia para intentar describir la realidad en la Guatemala contemporánea (…) evoca el recuerdo de los que precisamente el gobierno trata de silenciar (…) [es] la referencia de una colectividad oprimida hace que el texto subvierta el discurso denunciatorio y transgreda el código del silencio impuesto a la sociedad por cualquier régimen dictatorial. La realidad ficcionalizada expuesta por Garma no es una excepción.6
Situándose constantemente del lado de los desposeídos, y contradiciendo a la historia oficial en palabras de Ofelia De León, es que García Mainieri describió en sus cuentos la vida real de aquella Guatemala de los años 80, sobre todo en Cuentos de Muerte y Resurección (1987).7

García Mainieri utiliza como personajes en sus cuentos a sujetos colectivos o populares, a quienes imprime “la posibilidad de sobrevivir y la belleza del espíritu guatemalteco”.8

Nos gustaría entonces revisar ¿de qué estrategias discursivas se valió García Mainieri para representar a este sujeto colectivo en su primer libro de cuentos? Y ¿cómo estas estrategias la acercan a hibridaciones entre la narrativa ficcional y la narrativa no ficcional, es decir, el género testimonial?

Antecedentes

La figura de Norma García Mainieri nos interesa en especial por la temporalidad en que escribe su obra, la cual está marcada por los acontecimientos actuales de aquel momento, ya que, aunque se trata de acontecimientos “no oficiales”, García Mainieri retrata la realidad de manera tan frontal que no puede uno menos que admirar su valentía. Es más, se trata de una posición transgresora el hecho de registrar, a través de la estrategia de encubrimiento por la ficción, los sucesos que se silenciaban oficialmente, siendo quizás esta su principal estrategia discursiva de las que se valió García Mainieri para desafiar, no solamente al canon masculino y patriarcal9 sino a todo el aparato opresor del momento.

Además de que, al escribir sus cuentos, o cuentimonios, durante los años 80, García Mainieri se adelanta algunos años a esa “transformación que sufre el panorama de las letras” en palabras de Alexandra Ortiz - Wallner10, hacia el fin de la guerra y de la firma de los Acuerdos de Paz a mediados de los años 90.

Del género al testimonio. Un enfoque teórico.

Partiendo de que tanto el testimonio como el género (gender) son géneros que persiguen, entre otras cosas, la reivindicación y la posibilidad de expresión de la voz de la otredad, nos parece adecuado revisar para efectos de este ensayo, la figura del sujeto colectivo construido por García Mainieri en sus cuentos bajo la luz que arrojan dichas teorías.

Jorgelina Corbatta11, en su ensayo Para un balance de fin de siglo de la producción femenia / feminista en (sobre) Latinoamérica, citando a Mary Louise Pratt, habla sobre la importancia de que el debate sobre el género, llevado a cabo por hombres y mujeres, tenga un lugar central en la historia intelectual de Latinoamérica, así como el debate de la identidad. Y añade que “debería ser reconocido como central en el proceso de auto – creación y de auto – comprensión de la sociedad. Dicho paralelismo, como Corbatta lo califica, entre género e identidad se debe destacar como un hito necesario de analizar.12 Paralelismo que nos es posible descubrir en la narrativa corta de García Mainieri, por ejemplo, en el cuento Y cuando las pascuas fueron sangre, en que la protagonista es una maestra en busca de iniciar su carrera en un pueblo al que llega como extraña y en el que al cabo de un tiempo se gana la confianza de los lugareños y le comparten la tragedia de aquel lugar dado que ella inquiere desde el inicio acerca de un suceso que le parece misterioso. García Mainieri utiliza a la tradicional y emblemática flor de pascua como el símbolo de resistencia de un pueblo que se une en silencio, pero firme, que remite a la sangre de los muertos. ¿Qué mejor forma para un pueblo que hacer notar su resistencia con uno de los símbolos de su identidad? Por cierto, esta imagen nos remite también al concepto propuesto y discutido por Judith Butler acerca de los actos performativos como acciones de resistencia.13

Por cierto, también encontramos una fuerte carga simbólica en Las mazorcas y los sueños, en el cual, la protagonista es la misma autora utilizando su seudónimo, Isabel. Al comentar ese cuento, la autora se refiere al simbolismo del mismo y por ende lo difícil de redactarlo. En el cuento, ella explica cada elemento de la pesadilla que atormentaba a la protagonista, señalando la red de mazorcas y al maíz como el alimento vital, y cómo el recogerlo era símbolo de su lucha.14 Creemos que este cuento en sí mismo provee una interesante oportunidad de análisis más a detalle.

Otra figura interesante en el cuento antes mencionado es el personaje femenino que es quien se posiciona en el pueblo como una figura de conocimiento, inspirando de cierta forma la confianza y el respeto suficientes para recibir el testimonio de boca de los actores principales de la historia. Dado que ella sería parte de aquel lugar su necesidad de entender la historia provoca que aquellos lugareños le compartan su perspectiva de los hechos, es decir, su forma de auto – comprender lo que sucedió para poder continuar. Y podemos denotar cómo esa colectividad funcionaba aun cuando sostuvieran silencio ante los extraños a su entorno, ya que unánimemente habían protestado en silencio, con ese homenaje carmesí en la explanada camino al cementerio.
El hombre disminuyó la velocidad del paso. El camino bordeado de pinos terminaba ante una ancha explanada, en la cual se agitaban como una inmensa oleada roja millares de pascuas.- Aquí están las pascuas – musitó la muchacha sintiéndose sumergida en las ráfagas de viento que venían de las flores.- Sí, aquí están – respondió el hombre…15
Corbatta cita también a Josefina Ludmer, quien discutiendo sobre la escritura de mujeres y ciertas estrategias discursivas, menciona Las tretas del débil, la que plantea como una resemantización utilizada por el sujeto subalterno y marginal para convertir ese lugar asignado en una zona de subversión intelectual16 explicándolas como: no decir que se sabe, decir que no se sabe decir y no decir por no saber, caso que se puede aplicar al silencio de los lugareños del cuento antes mencionado pero también en otros cuentos de la misma antología, como en Consagración y secuestro, en el que además del contraste entre ambos eventos descritos en el cuento (una celebración religiosa y la tortura de un grupo de capturados), hay personajes fuertemente castigados por su decisión de callar.

Pero el “no decir que se sabe” aplica también como una de las estrategias discursivas utilizadas por García Mainieri al redactar Una mujer anodina, al crear a una mujer militante en plena zona urbana, nuevamente el personaje central es una mujer, quien trabajaba en una oficina de publicidad, bajo el disfraz de anodina, de sencilla, hasta simple,
Nadie lo hubiera pensado de ella.
- ¡Se veía tan callada, tan tímida! – comentó Martita, su compañera de oficina en una importante agencia publicitaria.- Sin embargo, viéndolo bien, era algo misteriosa – Carlota se acercó a su amiga y habló en voz baja - ; no se le conocían amigos y quitando a los compañeros de trabajo con los que a veces platicaba, siempre andaba sola. 17
La autora, al comentar dicho relato18, el cual redactó a insistencia de una amiga basándose en un hecho real, indica que lo central del mismo es indicar cómo cualquier persona, por sencillo que parezca, es capaz de ser héroe o villano.

Por otro lado, para revisar los cuentos en cuestión desde el punto de vista del género testimonial, se hace necesario mencionar lo propuesto por John Beverley al situar al testimonio como un género literario post-novelesco, afirmando que “el testimonio guarda la misma relación con la novela moderna que la novela picaresca con los géneros de narrativa idealista del Renacimiento (…) el testimonio es una de las formas en que podemos ver y participar a la vez en la cultura de un proletariado mundial en su época de surgimiento”.19

Hugo Achugar, otro de los teóricos del género testimonial, califica a las fronteras de dicho género como porosas, al discutir cómo el testimonio abre su propio espacio más allá de la biografía, autobiografía, discurso histórico, etc. Sin embargo, resalta que, aunque “sea posible la ficcionalización de un testimonio (…) no implica que se valide su identificación con el testimonio”20. Es decir, no necesariamente puede catalogarse toda ficcionalización de relatos o hechos reales como género testimonial, dado que hay una serie de factores que deben cumplirse para efectos de ser identificados dentro del género en cuestión ( para lo cual sugerimos leer y revisar la teoría testimonial por ejemplo, el libro de John Beverley y Hugo Achugar21), sin embargo, si podríamos hablar de una hibridación entre la narrativa ficcional y la no ficcional al referirnos a los cuentos de García Mainieri, en especial, “Cuentos de muerte y resurrección”.

En sus cuentos es posible identificar constantemente la construcción de lo que Doris Somer llama el yo colectivo22, como uno de las estrategias discursivas del testimonio. En uno de sus cuentos más revisados, El pueblo de los seres taciturnos23, el yo colectivo se identifica en la voz del chofer que ayuda al forastero, representando a una comunidad que había decidido olvidar lo sucedido en el pueblo cercano, Santa María de la Bendición. Quienes después de la muerte del forastero, el comandante Abel, recordaron de nuevo todo. Pero también en la voz del mismo comandante, quien era el único que había sobrevivido y que había olvidado mucho de lo que pasó como un mecanismo de defensa24, recuperando su memoria completa solamente al momento de su muerte. Sin embargo, su visita y los pocos fragmentos de lo que recordaba provocó la recuperación de la memoria de aquel pueblo que había decidido olvidar. Aquí hay una figura interesante que analizar más a detalle.

Pero quizás, del libro que estamos revisando, el cuento que más elementos testimoniales presenta es La voz que no cesa de contar, con la figura central de una mujer anciana que cuenta a un grupo de jóvenes con la asignación de investigar en aquel pueblo, quienes después de escuchar las historias no podían dejar de pensar en ellas.

Quizás de todo el cuento, lo que más resalta es la siguiente frase,
Y entonces habló: - Porque debemos conocer nuestras historias y nos han negado el don de la escritura, escuchamos la voz que nunca ha cesado de contar.25
Sin embargo, hacia el final, los jóvenes (que sobreviven a la tragedia que vive el pueblo estando ellos allí por tener vínculos con el gobierno), quedan estremecidos con la prohibición de hablar. Y hay algo muy interesante: García Mainieri cierra el cuento con la siguiente frase,
El soñador quedó tan golpeado que no podrá hacerlo durante algún tiempo, pero… ¿cuánto tiempo?26
Y la estrofa en el margen, que acompaña esa frase final dice,
Voces, se escuchanlas vocesmi voz entre ellastendrá que contar.
Creemos que es un momento epifánico de García Mainieri en que se convence de que llegaría el momento de contar y transmitir aquella voz que solamente tenía como arma la oralidad.

Intertextualidad

Desde el punto del análisis intertextual27, en que, según Lauro Zavala, “todo texto – todo acto cultural y por lo tanto todo acto humano – puede ser estudiado en términos de la red de significación a la que pertenece.”28, el espacio y el tiempo en que se desarrollan las historias narradas por García Mainieri son elementos que también permiten deconstruir sus cuentos y agregan al imaginario literario guatemalteco relatos que forman ya una red de significación en sí. No será lo mismo que un lector extranjero, ajeno al contexto histórico, lea los cuentos a que éstos sean leídos por un lector con una mirada distinta, conocedora de la carga histórica en los mismos. Zavala dice al respecto que “la intertextualidad es resultado de la mirada que lo construye”.29

García Mainieri, recurre constantemente a utilizar espacios rurales que podrían ser en cualquier pueblo del interior de Guatemala, aunque también algunas de las historias transcurren en espacios urbanos por lo general impregnados de un intenso contraste entre oprimidos – privilegiados, rebeldes – civiles, fracasados – exitosos. El tiempo en que ocurre lo narrado es por lo general en la época de mayor represión en el país.

Conclusiones

Sin duda este breve ensayo deja abiertas las puertas para nuevos análisis, más exhaustivos de cada uno de sus relatos, así como de sus otras publicaciones. Análisis que aportarían hallazgos interesantes de una de las autoras guatemaltecas que debemos traer a la luz nuevamente.

Sus estrategias discursivas giraban alrededor de su ser social consciente de la realidad injusta de su país, elementos que le permitieron construir personajes colectivos con una fuerte voz, voz que necesitaba ser escuchada – o leída, en este caso- y a quienes construye a partir de hechos reales, trasladando su narrativa del campo ficcional hacia esas fronteras con el género testimonial, una hibridación.

Corbatta citando a Talpade Mohanty30 en Third World Women and the Politics of Feminism (1991), menciona cómo el feminism tercermundista, más allá de una postura esencialista es una postura política, una comunidad de resistencia. Sin duda, Norma García Mainieri asume su postura feminista escribiendo sus relatos y dejándolos para la posteridad y para nuevos públicos que se adentren en la historia que se ha luchado por rescatar de lo anónimo, de lo “no oficial”.

Creemos firmemente en la importancia de reeditar sus libros de narrativa y de poesía, no solamente como un homenaje a su memoria sino a su valor histórico y reivindicativo no solamente a García Mainieri como una escritora guatemalteca que debe ser releída, sino a los seres anónimos que inspiraron sus relatos, a quienes ella misma dedica el libro que hemos comentado.

Juan Pablo Escobar Galo dice que el autor es:
aquel que elabora el discurso de una obra con el deseo de transmitir una idea, postular una teoría a favor de o en contra de una historia o frente a un acontecimiento histórico (…) es el creador de la obra discursiva o el resultado de ella en vías de generar una proyección hacia los demás sujetos.31
Más adelante, Escobar comenta cómo el autor está dentro de un contexto32, es decir, una realidad, que delimitará e influirá sus formas discursivas, todo lo cual incidirá en su función – autor.

García Mainieri dijo una vez “tengo una meta muy importante: quisiera ser leída por las clases populares de mi país, las que desafortunadamente, son en su mayoría analfabetas”33. A 30 años de la publicación (no oficial) de su primer libro de cuentos, deseamos dejar la inquietud por releer sus relatos, por escudriñar a los personajes de los que se sirvió para transmitir, aunque encubierta en ficción, una realidad que resuena hoy más que nunca en nuestra historia.

Notas
  1. Ofelia De León Meléndez. Norma García Mainieri ¡presente! (Homenaje a una amiga y colega). Guatemala: Estudios, 1998, p.193 – 196. Todas las citas de Ofelia De León son de este artículo.
  2. De León Meléndez, 196.
  3. Para efectos de este ensayo, nos enfocaremos en el libro “Cuentos de muerte y resurrección” (1987).
  4. Ana Sylvia Monzon. Las mujeres, los feminismos y los movimientos sociales en Guatemala: relaciones, articulaciones y desencuentros. Cuaderno de debate. Guatemala: FLACSO, 2015, 29.
  5. De León Meléndez, 196.
  6. Humberto López Cruz. “El pueblo de los seres taciturnos” de Isabel Garma: la colectividad del uno y la manifestación conjunta contra el poder. Ilustres autores guatemaltecos del siglo XIX y XX. Guatemala: Artemis Edinter, 2004, 201. Las negrillas son nuestras.
  7. La edición de 1987, publicada en México, no fue autorizada por la autora, lo cual aclara en la edición de 1996 por la Editorial Oscar De León Palacios.
  8. De León Meléndez, 196.
  9. Monzón, p.29.
  10. Alexandra Ortíz – Wallner. Narrativas centroamericanas: problemas de la constitución de una categoría de periodización literaria. Iberoamérica. America Latina – España – Portugal. 2005, 141.
  11. Jorgelina Corbatta es una especialista en literatura argentina y latinoamericana que ha publicado, entre otras obras, libros sobre feminismo y escritura femenina en América Latina.
  12. Jorgelina Corbatta, Para un balance de fin de siglo de la producción femenina / feminista en (sobre) Latinoamerica. La literatura iberoamericana en el 2000. Balances, perspectivas y prospectivas. EEUU: Wayne University, 2003, 1. Todas las citas de Corbatta son de este ensayo.
  13. Ver Judith Butler en el ensayo “Performatividad, precariedad y políticas sexuales”, en AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana, septiembre – diciembre 2009, p. 321 – 336.
  14. Norma García Mainieri. Las mazorcas y los sueños, trilogía. Cuentos de muerte y resurrección. Guatemala: Editorial Oscar de León Palacios, 1996, 85 – 86.
  15. Extracto del cuento Y cuando las pascuas fueron sangre, del libro “Cuentos de muerte y resurrección” (1987), p. 49 – 61.
  16. Corbatta, 4.
  17. Extracto del cuento Una mujer anodina, del libro “Cuentos de muerte y resurrección” (1987). El resaltado es nuestro.
  18. En el libro “Cuentos de muerte y resurrección”, edición de Oscar de León Palacios (1996), la autora comenta brevemente cada uno de los cuentos hacia el final del libro.
  19. John Beverley. Anatomía del testimonio. Revista crítica literaria latinoamericana. Lima: 1987, 16.
  20. Hugo Achugar. Historias paralelas / historias ejemplares: La historia y la voz del otro. La voz del otro: testimonio, subalternidad y verdad narrativa. Guatemala: Revista Abrapalabra, 2002, 63.
  21. El libro al que nos referimos es “La voz del otro: testimonio, subalternidad y verdad narrativa”, publicado en 2002.
  22. Doris Sommer. Sin secretos. La voz del otro: testimonio, subalternidad y verdad narrativa. Guatemala: Revista Abrapalabra, 2002, 158.
  23. Norma García Mainieri. El pueblo de los seres taciturnos. Cuentos de muerte y resurrección. Guatemala: Editorial Oscar de León Palacios, 1996, 13 – 26.
  24. García Mainieri, 24.
  25. Norma García Mainieri. La voz que no cesa de contar. Cuentos de muerte y resurrección. Guatemala: Editorial Oscar de León Palacios, 1996, 96.
  26. García Mainieri, 104.
  27. Según Lauro Zavala (2012), “La intertextualidad es la característica principal de la cultura contemporánea (…) el concepto de intertextualidad presupone que todo texto está relacionado con otros textos, como producto de una red de significación. A esta red llamamos intertexto”. (p..9-10)
  28. Lauro Zavala. Cómo estudiar el cuento con una guía para analizar minificción y cine. Guatemala: Palo de Hormigo, 2002, 9.
  29. Zavala, 10.
  30. Corbatta, 8.
  31. Juan Pablo Escobar Galo. El autor y sus formas discursivas: perspectiva desde Michel Foucault. Revista Cultura de Guatemala. Guatemala: Editorial Cara Parens, 2017, 128..
  32. Escobar Galo, 131.
  33. Ramón Luis Acevedo. 17 Narradoras latinoamericanas. Guatemala: Piedra Santa, 2013, 88.

Bibliografía

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  • Achugar, Hugo. «Historias paralelas / historias ejemplares: La historia y la voz del otro.» Achugar, John Beverley y Hugo. La voz del otro: testimonio, subalternidad y verdad narrativa. Guatemala: Revista Abrapalabra, 2002. 61 - 83.
  • Beverley, John. «Anatomìa del testimonio.» Revista de crìtica literaria latinoamericana. (1987): 7 - 16.
  • Butler, Judith. «Performatividad, precariedad y políticas sexuales.» AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana 4.3 (sept - dic 2009): 321 - 336. www.redalyc.org.
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  • Cruz, Humberto López. «"El pueblo de los seres taciturnos", de Isabel Garma: la colectividad del uno y la manifestación conjunta contra el poder.» Jimenez, Oralia Preble - Niemi y Luis A. Ilustres autores guatemaltecos del siglo XIX y XX. Guatemala: Artemis Edinter, 2004. 201.
  • Galo, Juan Pablo Escobar. «El autor y sus formas discursivas: perspectiva desde Michel Foucault. .» Revista Cultura de Guatemala (2017): 125 - 138.
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  • Meléndez, Ofelia Columba De León. «Norma García Mainieri ¡presente! (Homenaje a una colega y amiga).» Estudios - Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas (1998): 192 - 196.
  • Monzón, Ana Sylvia. «Las mujeres, los feminismos y los movimientos sociales en Guatemala: relaciones, articulaciones y desencuentros.» Cuaderno de debate FLACSO (2015): 1 - 36.
  • Sommer, Doris. «Sin secretos.» Achugar, John Beverley y Hugo. La voz del otro: testimonio, subalternidad y verdad narrativa. Guatemala: Revista Abrapalabra, 2002. 147 - 166.
  • Wallner, Alexandra Ortíz. «Narrativas centroamericanas: problemas de la constitución de una categoría de periodización literaria.» Iberoamérica. América Latina - España - Portugal. 19 (2005): 135 - 147.
  • Zavala, Lauro. Cómo estudiar el cuento con una guía para analizar minificción y cine. Guatemala: Palo de hormigo, 2002.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Violencia de género

Autora: Crisálida Perenne

Durante mucho tiempo se ha debatido sobre la denominación ideal para describir el maltrato que ejercen los hombres sobre sus parejas o ex parejas de sexo femenino. En un principio se utililizaba  la expresión “violencia doméstica”, la cual se aplica a un problema más generalizado, es decir, hace referencia a aquella que se produce dentro del hogar, tanto del marido a su esposa, como de la madre a sus hijos, del nieto al abuelo, etc. Con el tiempo han ido apareciendo otros términos que parecen ajustarse mejor al perfil de abuso al que son sometidas las mujeres: “violencia machista”, “violencia contra las mujeres” y “violencia de género”. Ésta última es una traducción literal del inglés “gender violence”, denominación aceptada internacionalmente. Dicha traducción literal es incorrecta en castellano desde el punto de vista gramatical, según la Real Academia Española.

A lo largo de este blog, utilizaremos cualquiera de ellas para referirnos a este problema de tipo social, que al día de hoy, continúa siendo insuperable en todas las sociedades del mundo.

La violencia de género tiene que ver con “la violencia que se ejerce hacia las mujeres por el hecho de serlo”, e incluye tanto malos tratos de la pareja, como agresiones físicas o sexuales de extraños, mutilación genital, infanticidios femeninos, feminicidios, entre otras.

Definición de Violencia de género:

Según el artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer de las Naciones Unidas (1994), la violencia de género se define como:

"Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada".

La violencia machista abarca todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física.

Tipos de Violencia:

Psicológica. La violencia psíquica aparece inevitablemente siempre que hay otro tipo de violencia. Supone amenazas, insultos, humillaciones, desprecio hacia la propia mujer, desvalorizando su trabajo, sus opiniones... Implica una manipulación en la que incluso la indiferencia o el silencio provocan en ella sentimientos de culpa e indefensión, incrementando el control y la dominación del agresor sobre la víctima, que es el objetivo último de la violencia de género.

Física. La violencia física es aquella que puede ser percibida objetivamente por otros, que más habitualmente deja huellas externas. Se refiere a empujones, mordiscos, patadas, puñetazos, etc, causados con las manos o algún objeto o arma. Es la más visible, y por tanto facilita la toma de conciencia de la víctima, pero también ha supuesto que sea la más comúnmente reconocida social y jurídicamente, en relación fundamentalmente con la violencia psicológica.

Económica. El agresor hace lo posible por controlar el acceso de la víctima al dinero, tanto por impedirla trabajar de forma remunerada, como por obligarla a entregarle sus ingresos, haciendo él uso exclusivo de los mismos (llegando en muchos casos a dejar el agresor su empleo y gastar el sueldo de la víctima de forma irresponsable obligando a esta a solicitar ayuda económica a familiares o servicios sociales).

Social. El agresor limita los contactos sociales y familiares de su pareja, aislándola de su entorno y limitando así un apoyo social importantísimo en estos casos.

Sexual. Se ejerce mediante presiones físicas o psíquicas que pretenden imponer una relación sexual no deseada mediante coacción, intimidación o indefensión. Aunque podría incluirse dentro del término de violencia física, se distingue de aquella en que el objeto es la libertad sexual de la mujer, no tanto su integridad física. Hasta no hace mucho, la legislación y los jueces no consideraban este tipo de agresiones como tales, si se producían dentro del matrimonio. Ahora, la violación o el abuso sexual son sonsiderados un delito grave, aún dentro del matrimonio.

Todos los tipos de violencia implican sufrimiento psicológico para la víctima, y utilizan las coacciones, amenazas y manipulaciones para lograr sus fines.

Ciclo de la Violencia:

Acumulación de la Tensión. La víctima percibe claramente cómo el agresor va volviéndose más susceptible, respondiendo con más agresividad y encontrando motivos de conflicto en cada situación.
Estallido de la Tensión, en la que la violencia finalmente explota, dando lugar a la agresión.

“Luna de Miel” o Arrepentimiento. El agresor pide disculpas a la víctima, le hace regalos y trata de mostrar su arrepentimiento. Esta fase va reduciéndose con el tiempo, siendo cada vez más breve,  y llegando a desaparecer. El ciclo comenzará en la primera fase y posteriormente ya no existirá la del "arrepentimiento".

Este ciclo, en el que al castigo (agresión) le sigue la expresión de arrepentimiento que mantiene la ilusión del cambio, puede ayudar a explicar la continuidad de la relación por parte de la mujer en los primeros momentos de la misma.

Este ciclo pretende explicar la situación en la que se da violencia física, ya que la violencia psicológica no aparece de manera puntual, sino a lo largo de un proceso que pretende el sometimiento y control de la pareja.  

Mitos sobre la Violencia Machista:

Al estudiar este fenómeno de violencia, se han tratado de encontrar varias explicaciones sobre esta forma de abuso hacia la mujer, lo cual ha generado diversos mitos, siempre con el afán de justificar la actitud del agresor (maltratador, manipulador, abusador, golpeador) , atendiendo:

Perfil psicológico del agresor (trastorno mental, adicciones).·

Características de la víctima (masoquismo, o la propia naturaleza de la mujer, que “lo busca, le provoca, es manipuladora…”),

Circunstancias externas (estrés laboral, problemas económicos),

Los celos (“crimen pasional”),

La incapacidad del agresor para controlar sus impulsos, o su "caracter explosivo".

Además existe la creencia generalizada de que estas víctimas y sus agresores son parejas mal avenidas (“siempre estaban peleando y discutiendo”), de bajo nivel sociocultural y económico, inmigrantes… Es decir, diferentes a “nosotros”, por lo que “estamos a salvo”.

Aquellos hombres que son alcohólicos y maltratan a sus mujeres, sin embargo no tienen, en su gran mayoría, problemas o peleas con otros hombres, con su jefe o su casero.

El estrés laboral o de cualquier tipo afecta realmente a mucha gente, hombres y mujeres, y no todos se vuelven violentos con su pareja.

Otros:

"La violencia machista es fruto de un estallido, de una pérdida del control, de los nervios del momento”
Es un mito totalmente falso. La violencia de género es un exponente de la desigualdad que vivimos en nuestras sociedades. No surge de un estallido, surge del intento de controlar a la mujer hasta el extremo.

"Los agresores son adictos al alcohol o lo hacen bajo el efecto de las drogas”
No es así. El consumo de sustancias y de alcohol puede agravar una situación de violencia de género, pero no es la causa de ella. Muchísima gente bebe alcohol y consumen drogas y no agreden a su pareja.

“Los maltratadores sufren una enfermedad mental”
Es totalmente falso. Prácticamente la totalidad de los agresores no tienen enfermedad mental.

“El maltrato se da principalmente en familias de bajos ingresos y en porcentajes minoritarios. Lo sufren más las mujeres de bajo nivel cultural y las mujeres inmigrantes”
El maltrato se da en todas las clases sociales, lo sufren mujeres de todos los niveles de formación, con empleo… Durante mucho tiempo se ha mantenido esta creencia, se ha pensando que las mujeres víctimas de violencia eran mujeres de una cierta edad, recluidas en casa, etc., cuando las cifras
demuestran que entre un 60 y un 70% de las víctimas son menores de 45 años. Además más del 50% de las mujeres maltratadas tienen estudios medios y superiores y más del 50% son trabajadoras en activo.

Lo mismo pasa con el perfil de los agresores. Hay hombres maltratadores en todos los estratos sociales y de todo tipo de formación.

En el fondo, estas justificaciones buscan reducir la responsabilidad y la culpa del agresor.

...El compromiso que debería asumir toda la sociedad sería el de  prevenir y luchar contra este problema. 

Fuente: https://mujersincadenas.blogspot.com/p/generalidades-sobre-la-violencia.html

lunes, 17 de julio de 2017

Quien manda es la asamblea y el poder del pueblo está en el servicio.









Gladys Tzul Tzul

Instituto Amaq’


“El poder del pueblo está en el servicio” Así es como dice la poderosa consigna que ha dado vida, fuerza y continuidad a los 48 cantones de Totonicapán.  Explicaré de manera rápida y sucinta el significado de dónde viene la capacidad política de defenderse y de cuidar la vida en Totonicapán y de cómo por siglos Totonicapán ha sido epicentro de rebeliones indígenas que se hermanan con las luchas de otros pueblos indígenas. La energía está en la estructura comunal asamblearia que nombra y sujeta a sus autoridades

Explico, la fuerza social y la energía política brota de los  hombres y las  mujeres que viven en las comunidades y comparten la gestión del agua, de caminos, de bosques comunales. Con esta explicación pretendo analizar la decisión de la asamblea de la Junta de Autoridades Comunales de los 48 cantones, misma que se realizó el sábado 15 de julio del corriente en Totonicapán. La conclusión y con acta número 41 es que no se avala la participación de la Junta Directiva en eventos que se organicen sobre la regulación del derecho de la Consulta.

En los días anteriores, las comunidades comenzaron a interpelar a sus alcaldes comunales acerca de ¿Qué posición tomaran frente a la consulta?, Había mucha expectativa sobre la respuesta, de tal manera que la información se trasladó casi de manera automática en las casas y en los medios de comunicación. ¿Cómo leemos este acto?  Propongo que lo interpretemos como la fuerza y energía  política que se produce  en las  asambleas de las comunidades que sujeta a sus autoridades.  Cabe aclarar, que en Totonicapán existen 5 juntas directivas.  Por eso el poder del pueblo reside en el k’ax k’ol que la junta de baños, las dos juntas de alguaciles y la de recursos naturales realizan para cuidar el pueblo y eso al mismo tiempo genera una serie de contra presos  políticos al interior y nos presenta una real relación entre asambleas y alcaldes comunales.

Cuando en octubre o noviembre cada comunidad nombra a sus a juntas de autoridades comunales,  también les entrega la responsabilidad de cuidar a la comunidad, los mojones, la fuentes de agua, los salones comunales, los archivos, los enseres; también se le nombra para que organice y produzca la deliberación de la asamblea. No hay una consigna que personalice el poder, ni existe nada parecido. Por tal razón,  todas las actividades que los alcaldes comunales realicen y que afecten el bienestar de todas y todos tienen que ser analizadas y avaladas por las asambleas. Y la Junta directiva, tiene la doble función de rendir cuentas políticas a las 48 comunidades, pero también a las comunidades que los nombraron.

La decisión de las asambleas de Totonicapán de no participar en los eventos que regulen o reglamenten la consulta, se enlaza y concuerda con la ya generalizada negativa y crítica que las autoridades indígenas  a nivel nacional ya han manifestado, es clara la postura de las alcaldía de los ixiles, qanjobales, qeqhies, achis, xincas, chortis, kakchiqueles y la lista sigue. En comunicados, conferencias de prensa y encuentros de autoridades la postura es clara no se apoya ningún proceso por estandarizar un complejo proceso de autonomía. Las comunidades  con sus autoridades comprenden que la política comunal históricamente tiene al mecanismo de la consulta como una de sus ramas más visibles para deliberar y decidir; comprenden también que la autonomía política no se puede regular y tutelar por un ministerio y por eso interpretan como una amenaza la estandarización de la consulta. Los análisis que se realizo en el encuentro de autoridades indígenas en Cobán el  12 y 13 de julio dejaron claro que la consulta es un derechos propio de cada comunidad y que no se puede regular.  Interpretan que  es una regulación  que beneficia a los empresarios a quienes les conviene detener la fuerza comunitaria para defender la vida.

Así también lo manifestaron en un comunicado más de 10 organizaciones de mujeres indígenas de Totonicapán, quien el 28 de junio sentaron su posición sobre la consulta,  en el espíritu del comunicado se manifiesta que exigen que se respete las decisiones de la comunidades de no querer reglamentar la consulta libre e informada. Las mujeres indígenas también  han declarado que que regular la consulta favorece a las empresas para la ocupación capitalista de sus territorios y eso es provocar y  generando violencia contra la mujer, porque son las mujeres una de las primeras afectadas por el despojo de tierras.  (Tzununija’; 2017)

En los 48 cantones, también la asamblea es contundente. No avalan la regulación de la consulta, estas luchas por detener la estandarización y regulación muestran la potencia y vigor de las asambleas comunales y que el poder del pueblo está en el servicio.  Todo lo que se haga a espaldas de las asambleas se hace de manera personal.  Las asambleas comunales de Totonicapán relanzan la potencia y la lucha comunal que nos enseñaron Atanasio Tzul, Lukas Akiral,  Felipa Tzoc, Andrés Cutz, José Batz, Juan Yax, Manuel Tot.